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martes, 27 de febrero de 2007

A vueltas con la seguridad en los aeropuertos

Están locos estos romanos. Cada vez tengo menos dudas. Mi experiencia de hoy en el aeropuerto, sin haber sido nada especial, comienza a rayar en lo kafkiano en temas de seguridad. Como bien sabemos, la actual obsesión de nuestros gobernantes consiste en que pases el control de seguridad sin líquidos. Que unos metros más adentro puedas comprar una botella de ron, que luego puedes romper y usar como arma, no importa a nadie, con tal de que esa botella la compres en zona aeroportuaria y, por lo tanto, pagues el sobreprecio que AENA y cía hayan decidido.

Pero pasar con líquidos, ni de broma. Total, que transmiten esa obsesión a todos los vigilantes que hay en el aeropuertos, para los cuales, el resto del mundo ha dejado de existir en favor de lograr que no pases con líquidos. De forma que hoy me quitaron (robaron, casi diría) un desodorante que llevaba en la maleta por la única razón de que se trataba de un formato de 200 ml. superior a los 100 ml. dichosos considerados por nuestros gobernantes como límite superior para que comiences a ser un terrorista en potencia.

Lo curioso es que en el control de entrada no me pidieron la tarjeta de embarque (preocupados, ya digo por los líquidos) y en el control de entrada al avión entregué la tarjeta de embarque impresa en casa sin que me pidieran siquiera el DNI. Total, que me subí al avión sin que nadie en el aeropuerto de Gran Canaria me solicitara ningún tipo de identificación; es más, estuve deambulando por la zona de embarque sin que previamente me hubieran pedido la tarjeta de embarque; por último, entré en el avión con una tarjeta de embarque impresa en casa. Eso sí, sin líquidos.

¿Realmente pretenden hacerme creer que de esta forma contribuyen a mi seguridad? Digamos quizás que contribuyen a hacer caja y poco más.

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jueves, 15 de febrero de 2007

AENA, servicios, calidad y precios

El tema de los aeropuertos y su gestión y la calidad de los servicios que recibimos es algo que me envenena. Creo que si algún alienígena llegara a la Tierra y se pusiera a evaluar empresas y modelos de negocio, AENA (empresa encargada de la explotación de los aeropuertos españoles) se llevaría la palma como modelo de algo totalmente insostenible, pero que, sin embargo sigue funcionando sin que nadie haga nada por cambiar las reglas del juego.

En primer lugar, y supongo que debido a los sueldos tan brutales que tienen que pagar, por su mala gestión, a determinados trabajadores de los que tienen en nómina, imponen unos precios brutales a las tiendas que hay en los aeropuertos. Debido a ello, estas tiendas cobran a los clientes cifras injustificables (por ejemplo, 2 euros una Coca Cola o una botella de agua) que no se ven en ningún aeropuerto europeo, americano o asiático (y ya he estado en unos cuantos). No hablemos, por supuesto, de los más que habituales retrasos generales que hacen que España sea uno de los peores países en puntualidad.

Pero lo peor no es eso. Lo peor es que además de las cantidades disparadas que pagamos, los servicios que recibimos en los aeropuertos son pésimos. Los baños suelen estar sucios, desvejenciados, sin mantenimiento. Siempre hay 3 ó 4 obras en un aeropuerto, nunca recuerdo haber visto el aeropuerto de Gran Canaria con un aspecto digno. Hagan un día el experimento de ir fijandose en el trayecto que hay entre la llegada de vuelos nacionales y el aparcamiento. Es deprimente para uno que no está acostumbrado: sucio, oscuro, con bordillos que han incómodo llevar el carro con las maletas...

Y ayer me pasó, además, una cosa curiosa. Hace dos semanas volé a Tenerife y al volver, la máquina de pago de aparcamiento que hay justo a la salida de los vuelos interinsulares a la izquierda estaba estropeada o sin cambio y no admitía más que "importes exactos" lo cual no deja de ser un poco complicado cuando tienes que pagar los 9,25 € de un día completo de parking. Lo curioso es que tampoco permitía pagar "de más", ya que si ponías 10 euros te los devolvía. Claro, cuando hay una cola de 20 personas en cada máquina, imaginen la cara de los de detrás cuando estás 10 minutos trasteando con el billete pensando que es que lo has puesto mal, luego renuncias, te cuelas en la otra cola haciendo desesperar a los otros, etc.

Pues bien, ayer volví a volar y, al llegar, ¡¡sorpresa!! La máquina seguía exactamente igual, sin admitir más que monedas que dieran lugar a una cifra exacta. ¿Tan complicado es realizar el mínimo mantenimiento de la máquina? ¿Tan complicado es coger una mísera parte de los dislates que factura AENA de sus distintos servicios para el mantenimiento?